📖 CAPÍTULO 5
El tiempo no se detiene.
Ella no tuvo un momento
para detenerse a procesar.
Porque, aunque sintió
que se detuvo su mundo.
El reloj siguió marchando.
Y el tiempo siguió corriendo.
Había pasado una semana.
Hubo momentos,
cuando caía la noche,
en los que solo se sentó
en el piso del cuarto
detrás de la puerta.
Y lloró,
y lloró.
A veces
hasta quedarse dormida.
Cada lágrima
fue sacando a la superficie,
el dolor que sentía,
en cada centímetro de su ser.
Cada mañana
se levantaba,
se lavaba la cara,
y miraba en el espejo
sus enormes ojeras.
Que luego maquillaba,
para ir a trabajar.
¿qué haces
cuando necesitas parar el mundo,
para procesar algo?
Pues,
Ella tuvo que seguir.
Porque aún había que ir al trabajo,
y pagar las cuentas.
Al comenzar el día,
guardaba su dolor.
Pero sus ojos se veían tristes todo el día.
A veces lloraba en su hora de descanso.
Y luego 5 minutos antes de volver,
Se secaba la cara.
Y ponía su sonrisa de papel,
para terminar la jornada.
También había que seguir siendo mamá.
Había que saber que los niños
también hacían su proceso a su manera.
Y a pesar del cansancio físico y mental.
Ella les cantaba su canción antes de dormir.
Esa mujer daba lo mejor de sí,
aun estando así de rota.
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